Acabo de recibir la llamada de una empresa, preocupada por una situación inminente de crisis interna que irremediablemente se convertirá en mediática. Una firma cuyo perfil es internacional, aunque haya nacido y crecido en el seno de una familia modesta de ámbito local. Una compañía como tantas que, ante un volumen importante de personal, de vez en cuando se topa con desajustes que provocan la alteración interna. Todo el mundo tiene derecho a protestar, pero también las empresas cuentan con el derecho a defenderse.

Por eso, ante un aprieto laboral o empresarial, lo primero que hay que hacer es echar mano del manual de crisis que toda entidad debería tener de libro de cabecera, con objetivos de comunicación, posibles escenarios de emergencia, argumentarios para cada portavoz, mensajes claros…¿Cómo? ¿Que no saben qué es eso? ¿Qué lo tenían en tareas pendientes pero nunca han encontrado tiempo para desarrollarlo? Primer error, dar por hecho que a nosotros nunca nos pasará nada que no podamos solventar de forma rápida y sin dolor.

Aún así, mientras hay vida hay esperanza, y ante una situación de crisis, lo primero es mantener la calma y, lo segundo, dar la cara. SIEMPRE. Ofrecer diálogo, soluciones, y voluntad de restablecer el orden perdido de la forma más amistosa posible, escuchando a los interlocutores y alcanzando acuerdos beneficiosos para ambas partes.

Sí, es verdad es que a veces esos ’tira-y-afloja’ duran más de la cuenta, sólo tenemos que mirar a Europa y Grecia, pero me remito de nuevo a la VOLUNTAD, tanto del empresario como del trabajador, por zanjar la batalla con el menor número de bajas posibles.

Y recordad siempre, que más vale un mal acuerdo, que un buen juicio. ¡Hasta pronto!