A estas alturas de la película, nadie pone duda la importancia de internet y de mantenerse conectado a través de los dispositivos para hacer seguimiento de la actualidad y de nuestra marca o negocio. Pero como todo en la vida hay que saber poner límites y diferenciar nuestro desarrollo profesional de la vida personal y familiar, aunque cada vez sea más complicado. Cada día aparecen nuevos datos sobre dependencia a la tecnología y cómo ésta afecta a nuestro entorno y la forma en la que nos relacionamos con él. Uno de los espacios en los que este fenómeno es más común es alrededor de la mesa, sea con amigos o en familia, donde sacrificamos una buena conversación cara a cara por no perdernos el último tweet. Por eso me llamó la atención este experimento, al que yo le daría muchísimas más formas de camuflaje. Al final un objetivo sencillo: desconectarse de la tecnología y conectar con las personas, al menos, lo que dure un buen plato de lubina al horno. ¿Lo usaríais en vuestras casas?